La modificación socialista del hombre

Liev S. Vigotski

Fuente: Vigotski, L.S. (1998). La genialidad y otros textos inéditos. Guillermo Blank (edit.). Buenos Aires: Almagesto.

La psicología científica ha establecido, como su tesis básica, el hecho de que el moderno tipo psicológico humano es el producto de dos líneas evolutivas. Por una parte, este tipo moderno de ser humano se desarrolló en un largo proceso de evolución biológica de la cual surgió la especie biológica Homo sapiens, con todas sus características inherentes desde el punto de vista de la estructura corporal, las funciones de varios órganos y algunos tipos de reflejos y de actividad instintiva, que se fijaron hereditariamente y se transmiten de generación en generación.

Simultáneamente al comienzo de la vida humana social e histórica, y los cambios fundamentales en las condiciones a las que tuvo que adaptarse, el carácter mismo del curso subsiguiente de la evolución humana, también cambió muy radicalmente. Hasta donde se puede ser capaz de juzgar sobre la base del material fáctico disponible, que fue obtenido principalmente comparando tipos biológicos de pueblos primitivos en los estadios más elementales de su desarrollo cultural con representantes de las razas más avanzadas culturalmente -teniendo en cuenta el límite de hasta dónde este problema puede ser resuelto por la teoría psicológica contemporánea-, existen fuertes razones para suponer que el tipo biológico humano cambió fundamentalmente muy poco en el transcurso del desarrollo histórico del hombre. No se trata, por supuesto, de que la evolución biológica se haya detenido y que la especie “hombre” sea estática, inmodificable, cuantitativamente constante, sino más bien que las leyes básicas y los factores esenciales que guían el proceso de la evolución biológica ya no están en un primer plano: han desaparecido o se han convertido en una parte reducida o subdominante de las leyes nuevas y más complejas que rigen el desarrollo social humano.

Efectivamente, la lucha por la existencia y la selección natural, las dos fuerzas que dirigen la evolución biológica en el mundo animal, pierden su importancia decisiva en el reino del desarrollo histórico del hombre. Ahora, estas nuevas leyes toman su lugar: aquéllas que regulan el curso de la historia humana y que abarcan la totalidad del proceso del desarrollo material y mental de la sociedad humana.

En tanto el individuo sólo existe como ser social, como miembro de algún grupo social, dentro de cuyo contexto sigue el camino del desarrollo histórico, la composición de su personalidad y la estructura de su comportamiento dependen de la evolución social y sus principales aspectos están determinados por esta última. Ya en las sociedades primitivas – aquéllas que están dando sus primeros pasos en el camino del desarrollo histórico-, puede verse que la construcción psicológica completa de los individuos depende directamente del desarrollo de la tecnología – el grado de desarrollo de las fuerzas productivas -, y de la estructura del grupo social al que el individuo pertenece. La investigación en el campo de la psicología étnica nos ha dado la prueba incontrovertible de que dichos factores, cuya interdependencia intrínseca ha sido establecida por la teoría del materialismo histórico, son los factores decisivos de toda la psicología del hombre primitivo.

De acuerdo con Plejánov en ninguna otra parte la dependencia de la conciencia respecto del modo de vida se manifiesta de una manera tan obvia y directa como en la vida del hombre primitivo. Esto se debe al hecho de que los factores que median entre el progreso tecnológico y el psicológico son escasos y primitivos y, por consiguiente, esta dependencia puede ser observada casi en carne viva. Pero puede observarse una relación mucho más com­plicada entre estos dos factores en una sociedad altamente desarrollada, con una compleja estructura de clases sociales. Aquí la influencia de la base -la estructura- sobre la superestructura psicológica del hombre ya no es directa, sino mediada por un gran número de factores materiales y espirituales muy complejos. Sin embargo, incluso aquí conserva su fuerza la ley básica del desarrollo histórico del hombre, según la cual los seres humanos son creados por la sociedad en la que viven y ésta es el factor determinante en la formación de sus personalidades.

De la misma manera que una sociedad viviente no representa una totalidad uniforme y sencilla, y que la sociedad está dividida en clases sociales; así, durante un período histórico dado, no puede decirse que la composición de las personalidades humanas representan algo homogéneo y uniforme. La psicología debe tener en cuenta el factor básico de la tesis general que recién hemos formulado y sólo puede tener una conclusión directa: confirmar el carácter de clase [social], la naturaleza de clase y las distinciones de clase, que son las responsables de la formación de los tipos humanos. Las variadas contradicciones internas que se encuentran en los diferentes sistemas sociales encuentran su expresión tanto en el tipo de personalidad como en la estructura de la psicología humana de ese período histórico dado.

En sus clásicas descripciones del primer período del capitalismo, Marx aborda con frecuencia el tema de la corrupción de la personalidad humana, que tiene su origen en el crecimiento de la sociedad industrial capitalista. En un extremo de la sociedad, encontramos la división entre el trabajo manual y el intelectual, la separación entre la ciudad y el campo, la brutal explotación del trabajo de mujeres y niños, la miseria y la imposibilidad de un desarrollo libre y completo del pleno potencial humano; y, en el otro extremo, los holgazanes y la lujuria. No solamente todo esto da como resultado la diferenciación y fragmentación del tipo humano único en varios tipos de clase social separados –enfrentados unos a otros en agudo contraste-, sino también la corrupción y la distorsión de la personalidad humana y su sujeción a un desarrollo unilateral dentro de todas estas diferentes variantes del tipo humano.

Dice Engels: “Con la división del trabajo el mismo hombre se escinde”.3 Según Riazanov, “toda forma de producción material especifica alguna división social del trabajo, y esto es responsable de la división espiritual del trabajo. Comenzando ya con la corrucción de la sociedad primitiva, podemos observar la selección de una cantidad de funciones organizativas y espirituales en especies y subespecies, dentro del esquema de la división social del trabajo1 Afirma Engels más adelante:

“ya la primera gran división del trabajo, la separación entre la ciudad y el campo, condenó a la población rural a un embotamiento milenario, y a a la población urbana a la esclavitud de cada cual bajo su propio oficio. Esa separación aniquiló la base del desarrollo espiritual de los unos y del desarrollo físico de los otros. Cuando el campesino se apropia la tierra y el hombre de la ciudad se hace con su oficio, ocurre al mismo tiempo que la tierra se está apoderando del campesino, y el oficio del artesano. al dividirse el trabajo se escinde también el hombre. Todas las demás capacidades físicas y espirituales se sacrifican al perfeccionamiento se sacrifican al perfeccionamiento  de una sola actividad. Este anquilosamiento del hombre se intensifica en la misma medida en que se agudiza la división del trabajo, la cual alcanza su supremo desarrollo en la manufactura. La manufactura descompone el oficio artesano en sus diversas operaciones particulares, encarga cada una de esas operaciones a un solo trabajadores, como profesión de por vida, y le encadena así perpetuamente a una determinada función parcial y a una determinada herramienta… Pero no sólo los trabajadores quedan sometidos por la división del trabajo al instrumento de su actividad, sino también las clases que los explotan directa o indirectamente: el burgués de espíritu yermo está sometido a su capital y a su propia furia de beneficio; el hombre de leyes, a sus momificadas ideas jurídicas, que le dominan como poder sustantivo; las “clases ilustradas” en general, a las diversas limitaciones locales y unilateralidades, a su miopía física y espiritual, a su anquilosamiento por una educación orientada al a especialización y por un encuadramiento perpetuo a su especialidad, incluso cuando esta especialidad sea la holgazaneria.”

Esto es lo que escribió Engels en Anti-Dühring. Debemos proceder desde el supuesto básico de que la producción intelectual está determinada por la forma de la producción material.

“Así, por ejemplo, una forma diferente de producción espiritual que el tipo prevalente en la Edad Media es la del capitalismo. Cada forma históricamente definida de producción material tiene su correspondiente forma de producción espiritual, y eso, a su vez, significa que la psique humana -que es el instrumento directo de esta producción intelectual-, adquiere una forma específica en cada etapa del desarrollo.”

Esta invalidez de los seres humanos, este desarrollo unilateral y distorsionado de sus variadas capacidades que describe Engels, y que aparecieron con la división de la ciudad y el campo, está cre­ciendo a una enorme tasa debido a la influencia de la división tec­nológica de) trabajo. Dice Marx:

“Los conocimientos, la inteligencia y la voluntad que desarro­llan el campesino o el artesano independientes, aunque más no sea en pequeña escala -a! igual que el salvaje que ejerce todo el arte de la guerra bajo la forma de astucia personal-, ahora son necesarios únicamente para el taller en su conjunto. Si las po­tencias intelectuales de la producción amplían su escala en un la­do, ello ocurre porque en otros muchos lados se desvanecen. Lo que pierden los obreros parciales se concentra, enfrentado a ellos, en el capital. Es un producto de la división manufacture­ra del trabajo el que las potencias intelectuales del proceso ma­terial cié la producción se les Contrapongan como propiedad ajena y poder que los domina. Este proceso de escisión comien­za en la cooperación simple, en la que el capitalista, frente a los obreros individuales, representa la unidad y la voluntad del cuerpo social del trabajo. Se desarrolla en la manufactura, la cual mutila al trabajador haciendo de él un obrero parcial. Se consume en la gran industria, que separa del trabajo a la cien­cia como potencia productiva autónoma, y la compele a servir al capital.”[1]

Como resultado del avance del capitalismo, el desarrollo de la producción material simultáneamente trajo consigo la progresiva división del trabajo y el crecimiento constante del desarrollo dis­torsionado del potencial humano. Si “en la manufactura y en el trabajo manual el trabajador es quien usa sus herramientas, en la fábrica se convierte en el sirviente de la máquina”. Marx dice que en el primer caso el trabajador es quien inicia el movimiento de su herramienta, pero en el segundo está forzado a ser un seguidor del movimiento de ella. Los trabajadores se conviertes en “extensiones vivientes de las máquinas”, y lo que resulta es “una triste monotonía del tormento sin fin del trabajo”. Marx dice que este es el rasgo característico de ese período del desarrollo capitalismo que está describiendo. Está atado a una función específica y, según Marx eso

“[…] mutila al trabajador, lo convierte en una aberración al fomentar su habilidad parcializada [-cual si fuera una planta de invernadero-,]socavando en él multitud de impulsos y aptitudes productivos [-tal como en los estados del Plata se sacrifica a un animal entero para arrebatarle el cuero o el sebo.]”[2]

Actualmente, el trabajo infantil representa un ejemplo particularmente horroroso de la desfiguración del desarrollo psíquico humano. En la búsqueda de mano de obra barata y dada la extrema simplificación de las funciones laborales divididas, se hace factible el reclutamiento de niños a gran escala, lo que conduce a un desarrollo retrasado, distorsionado o completamente unilateral en la más sensible de las edades para la formación de la personalidad. El estudio clásico de Marx está lleno de ejemplos de “esterilidad intelectual”, “degradación física e intelectual”, “transformación de seres humanos inmaduros en máquinas para obtener plusvalía”, y presenta un cuadro vívido de todo el proceso que lleva a la situación en la que el “trabajador existe para la salud del proceso productivo, y no el proceso productivo para la salud del trabajador”.

Sin embargo, todos estos factores negativos no nos proporcionana un cuadro completo de cómo el proceso del desarrollo humano es influido por el rápido crecimiento de la industria. Todas estas influencias adversas no son inherentes a la industrialización en gran escala como tal, sino al carácter capitalista de su organización, basada en la explotación de grandes masas de la población, lo que dió como resultado una situación en la que, en vez de nuevos pasos hacia la conquista de la naturaleza por el hombre, cada nuevo nivel [alcanzado] en el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad, no sólo ha fracasado en elevar a toda la humanidad y a cada personalidad humana individual, sino que ha con­ducido a una degradación aun más profunda de la personalidad humana y su crecimiento potencial. Al observar los efectos mutilantes del proceso de civilización creciente sobre los seres humanos, filósofos como Rousseau y Tolstói no pudieron imaginar otra solución mas que un retorno a la naturaleza humana integral y pura. Según Tolstói, nuestro ideal no está adelante sino detrás de nosotros. En este sentido, según el punto de vista de este romanticismo reaccionario, los períodos primitivos del desarrollo de la sociedad humana aparecen como el ideal hacia el cual debe dirigirse la humanidad. Y efectivamente, un análisis profundo de las tendencias económicas e históricas que regulan el desarrollo del capitalismo, muestra que este proceso mutilante de la naturaleza humana que hemos mencionado, no sólo es inherente a la industrialización en gran escala, sino a la forma específicamente capitalista de organización social.

La contradicción más importante y fundamental de toda esta formación social consiste en el hecho de que en su interior, con una presión creciente, se están desarrollando implacablemente fuerzas y se están creando las condiciones para su destrucción y su remplazo por un nuevo orden, basado en la ausencia de explotación del hombre por el hombre. En muchas ocasiones, Marx ha demostrado cómo el trabajo por sí mismo, o !a industria en gran escala por sí misma, no tienen que mutilar necesariamente a la naturaleza humaría, como sostendría un seguidor de Rousseau o de Tolstói, sino que, por lo contrario, contienen dentro de sí posibilidades ilimitadas para el desarrollo de la personalidad humana.

Dice Marx: “Como muestra Robert Owen, ha crecido una semilla del futuro sistema educativo, que combinará el trabajo productivo con la escolarización y la educación física para lodos los niños de cierta edad, no sólo como un método para el aumento de la producción social sino como el único método para ia producción de seres humanos bien educados”. De modo que la participación de los niños en la manufactura, que bajo el sistema capitalista -particularmente durante el período descripto-, es la fuente de su degradación física e intelectual-, contiene en sí misma las semillas de un futuro sistema educativo que puede devenir en una forma superior de creación de un nuevo tipo de ser humano. La industrialización en gran escala en si misma hace necesaria la creación de un nuevo tipo de trabajo humano y un nuevo tipo de ser humano, capaz de llevar a cabo estas nuevas formas de trabajo. Sostiene Marx:

“La naturaleza de la industrialización en gran escala determina un cambio en el trabajo; un cambio continuo de las funciones y una movilidad completa para el trabajador…. El individuo que ha sido convertido en una fracción, el simple portador de una función social fraccionada, será remplazado por un individuo completamente desarrollado para quien las diferentes funciones sociales representan formas alternativas de sus actividades.”

De manera que la combinación de la manufactura con la educación no sólo será un medio para la creación de gente plenamente desarrollada, sino que también el tipo de persona que será necesaria para trabajar en este proceso de manufactura altamente desarrollado será sustancialmente diferente del tipo de persona que solía ser el resultado del trabajo productivo durante el período temprano del desarrollo capitalista. En este sentido, el final del período capitalista es una impresionante antítesis de su comienzo. Si al comienzo el individuo era transformado en una fracción, en el ejecutor de una función fragmentada, en la exten­sión viviente de la máquina; al final, la manufactura requerirá una persona plenamente desarrollada, con plasticidad y con la capacidad para cambiar las formas del trabajo, cambiar la organización del proceso de la producción y controlarlo. No importa cuál de los rasgos individuales que caracterizan el tipo humano psicológico seleccionemos, tanto en el período temprano como al final del desarrollo del capitalismo, por todas partes encontraremos un doble carácter y un doble significado para cada rasgo crítico. La fuente de la degradación de la personalidad en el modo capitalista de producción contiene también en sí misma, un crecimiento potencialmente infinito de la personalidad. Para dar un ejemplo, concluyamos con un examen de las situaciones laborales donde ambos sexos y todas las edades tienen que trabajar conjuntamente. Escribe Marx: “La composición de todo el personal de empleados de todos los sexos y edades  debe ser, por el contrario, en las circunstancias apropiadas, una fuente del desarrollo humano.” De todo esto se desprende que el aumento de la industrialización en gran escala contiene en sí mismo el potencial oculto para el desarrollo de la personalidad humana y que solamente el modo capitalista de organización del proceso industrial es el responsable de que estas fuerzas ejerzan una influencia unilateral y mutilante, que retrasa el desarrollo personal.

En uno de sus trabajos de juventud, Marx afirma que si la psicología quiere convertirse en una ciencia verdaderamente significativa deberá aprender a leer el libro de la historia de la industria material que contiene “las fuerzas humanas esenciales”, y que es la encarnación concreta de la psicología humana. Como ocurre en la actualidad, toda la tragedia interior del capitalismo consiste en que al mismo tiempo que este objetivo, a saber, el psiquismo humano objetualmente orientado -que poten­cial e infinitamente puede dominar a la naturaleza y desarrollar su propia naturaleza-, estaba creciendo a pasos acelerados, su vi­da espiritual se estaba degradando y sufriendo el proceso que Engels gráficamente denominó mutilación del hombre.

Pero la esencia de todo este asunto consiste en que esta doble influencia de los factores inherentes a la industrialización en gran escala sobre el desarrollo personal humano, esta contradicción interna del sistema capitalista, no puede resolverse sin la destrucción del sistema capitalista de organización industrial. En este sentido, la contradicción parcial que mencionamos, entre el creciente poder del hombre y paralelamente su creciente degradación; entre su creciente dominio sobre la naturaleza y su libertad, por un lado, y su esclavitud y la creciente dependencia hacia las cosas que él mismo ha producido, por el otro; esta contradicción –quiero reiterarlo- representa sólo una parte de una contradicción mucho más general y total que subyace a todo el sistema capitalista. Esta contradicción general entre el desarrollo de las fuerzas productivas y el orden social –que estaba en correspondencia con el nivel de desarrollo de esas fuerzas productivas [pero que ya no se encuentra más en correspondencia con él]- se está resolviendo mediante la revolución socialista y la transición a un nuevo orden social y a una nueva forma de organización de las relaciones sociales.

A lo largo de este proceso, inevitablemente debe tener lugar un cambio en la personalidad humana y una modificación del hombre mismo. Esta modificación tiene tres raíces básicas. La primera consiste en la destrucción de las formas de organización y producción capitalista y las formas de vida espiritual y social humanas que se edifican sobre sus cimientos. Conjuntamente con la destrucción de este orden, todas las fuerzas que oprimen al hombre y lo esclavizan a las máquinas y que interfieren con su libre desarrollo también se derrumbarán; serán destruidas y desaparecerán. Con la liberación de los muchos millones de seres humanos vendrá la liberación de la personalidad humana de las cadenas que frenan su desarrollo. El primer origen, la primera fuente de la modificación del hombre es, entonces, su liberación.

El segundo origen de la modificación del hombre reside en el hecho de que, al mismo tiempo que desaparecen las viejas cadenas, el enorme potencial positivo que existe en la industria en gran escala, el siempre creciente poder de los humanos sobre la naturaleza, será liberado y devendrá operativo. Todos los rasgos que hasta acá habíamos mencionado, cuyo ejemplo más destacado es la completamente nueva forma de crear un futuro basado en la combinación del trabajo físico e intelectual, perderán su doble carácter y cambiará el curso de su influencia de un modo fundamental. Mientras que antes sus acciones estaban dirigidas contra la gente, ahora empiezan a trabajar para su beneficio. En vez de obstáculos ahora son poderosas fuerzas motrices del desarrollo de la personalidad humana.

Finalmente, el tercer origen de la modificación del hombre es el cambio en las relaciones sociales entre las personas. Si éstas cambian también cambiarán las ideas, las pautas de comportamiento, los requerimientos y las apetencias. Como es sabido por la investigación psicológica, la personalidad humana se forma básicamente bajo la influencia de las relaciones sociales, es decir el sistema del que forma parte desde su más temprana niñez. “Mi relación con mi ambiente es mi conciencia”, dijo Marx. Un cambio fundamental de todo el sistema de estas relaciones de las que el hombre es parte, inevitablemente llevará también a un cambio en la conciencia, un cambio en la totalidad del comportamiento del hombre.

La educación debería jugar el papel central en la transformación del hombre –este camino de formación consciente de nuevas generaciones; la forma básica para cambiar el tipo humano histórico. Las nuevas generaciones y sus nuevas formas de educación son la principal ruta que seguirá la historia, y que creará el nuevo tipo de hombre. En este sentido, el papel de la educación social y politécnica es extraordinariamente importante. Las ideas básicas de la educación politécnica son un intento de superar la división entre trabajo físico e intelectual y de reunir el trabajo y el pensamiento, que fueron hechos añicos durante el proceso del desarrollo del capitalismo.

De acuerdo con Marx, la educación politécnica provee una familiarización con los principios científicos generales de todos los procesos de producción y, al mismo tiempo, enseña a los niños y adolescentes habilidades prácticas que les posibilitan operar las herramientas básicas usadas en todas las industrias. Esta idea está formulada por Krúpskaia de la siguiente manera:

“Una escuela politécnica se distingue por el hecho de que concentra su atención en la interpretación de los procesos del trabajo, en el desarrollo de la habilidad para unificar la teoría y la práctica, y en la capacidad para comprender la interdependencia de ciertos fenómenos. Por lo contrario, el centro de gravedad de las escuelas comunes es proveer a los alumnos de destrezas laborales.”

El colectivismo, la unificación del trabajo físico e intelectual, un cambio de las relaciones entre los sexos, la abolición del abismo entre el desarrollo físico y el intelectual, son los aspectos esenciales de esa modificación del hombre que es el tema de nuestra exposición. Y el resultado de adquirir esto, la gloria que corona este total proceso de transformación de la naturaleza humana, debería tener la aparición de esa elevada forma de libertad humana que Marx así describe: “sólo en comunidad [con otros] tiene cada individuo los medios para cultivar sus dones en todos los sentidos; sólo en comunidad, por consiguiente, es posible la libertad personal”. Como toda sociedad humana, la personalidad individual debe dar este salto adelante, del reino de la necesidad al de la libertad, como lo expresara Engels[3].

Siempre que se discute la modificación del hombre y la creación de una personalidad y conducta humanas nuevas y superiores, es inevitable que sean mencionadas las ideas sobre un tipo nuevo de hombre, en relación a la teoría del superhombre de Nietzche. A partir del hecho verdadero de que la evolución no se ha detenido con el hombre y que el tipo actual del ser humano no representa sino un puente, una transición hacia un tipo superior; de que la evolución no claudicó sus posibilidades cuando creó al hombre y que el moderno tipo de personalidad no es el logro supremo y la última palabra en el proceso del desarrollo, Nietzche saca la conclusión de que una nueva criatura puede surgir en el transcurso del proceso de la evolución, un superhombre que tendrá la misma relación con el hombre contemporáneo, que la que el hombre contemporáneo tiene con el mono.

Sin embargo, Nietzche imaginó que el desarrollo de este tipo superior de hombre estaba regido por la misma ley de la evolución biológica que prevalece en el mundo animal, la lucha por la vida y la selección basada en la sobrevivencia de los más aptos. Es por esta razón que el ideal de poder, la autoafirmación de la personalidad humana en toda la completud de su poder y ambición instintivos, el duro individualismo, y los hombres y mujeres sobresalientes, trazaron, según Nietzche, la senda para la creación de un superhombre.

Esta teoría es errónea porque ignora el hecho de que las leyes de la evolución histórica del hombre difieren fundamentalmente de las leyes de la evolución biológica, y que la diferencia básica entre estos dos procesos consiste en el hecho de que el ser humano evoluciona y se desarrolla como un ser histórico, social. Solamente la elevación de toda la humanidad a un nivel superior en la vida social, la liberación de toda la humanidad, puede conducir a la formación de un nuevo tipo de hombre.

Sin embargo, este cambio en el comportamiento humano, en la personalidad humana, debe inevitablemente conducir a la evolución posterior del hombre y a la modificación del tipo biológico de hombre. Habiendo dominado los procesos que determinan su propia naturaleza, el hombre que está luchando contra la vejez y las enfermedades, indudablemente se elevará hacia un nivel superior y transformará la organización biológica misma de los seres humanos. Pero esta es la fuente de la más grande paradoja histórica del desarrollo humano: que esta transformación biológica del tipo humano se alcanza principalmente mediante la ciencia, la educación social y la explicación racional del modo de vida en su totalidad, no es un requisito, sino, por lo contrario, el resultado de la liberación social del hombre.

En este sentido, Engels, que ha estudiado el proceso de la evolución del mono al hombre, dijo que el trabajo creó al hombre.’6 En consecuencia, uno podría decir que formas nuevas de trabajo crearán al hombre nuevo y que este hombre nuevo será parecido al viejo tipo de hombre, “el viejo Adán”,[4] solamente en el nom­bre, del mismo modo que un perro, el animal que ladra, se parece a la constelación celeste del Perro, según la gran afirmación de Spinoza.[5]


5[1]    En el original, Vigotski escribe “Engels” en lugar de Marx. He­mos corregido el error, ya que indudablemente se trata de un pasaje de El capital de Karl Marx. No creemos que esta sea una errata de imprenta, sino una de las características del modo, ya comentado, en que Vigotski manejaba las citas [Cfr. Prefacio a Vigotski, El desarro­llo cultural del niño, en esta misma colección]. Este pasaje se en­cuentra en las págs. 439-440 de Karl Marx, El capital, Libro 1, tomo I, vol. 2. Edición de Pedro Scaron, traducción de León Mames, Siglo XXI, Méjico, 1975.

5[2] En la cita, Vigotski no indica las elipsis, que hemos restaurado entre corchetes, porque en una de ellas Marx se refiere a la Argentina.

5[3]    Cfr. Engels, F. “Ei papel del trabajo en la transición del mono al hombre”, en Dialéctica de la naturaleza [Dialektik der Natía ], Carta- go, Buenos Aires, 1975.

[4]  “El viejo Adán” es una referencia a una expresión usada por Marx. Por ejemplo, en El capital se la encuentra en las páginas inicia­les.

6[5]    Cfr. Báruj de Spinoza, Etica (1677), teorema 17, Escolio. Esta es una de las citas favoritas de Vigotski, quien solía usarla en los re­mates de los textos. Cfr. el párrafo final de El significado histórico de la crisis de la psicología o el de “El problema del desarrollo en la psi­cología estructural” (ambos en el tomo I, de sus Obras escogidas en seis tomos, Visor, Madrid.)

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