De cara al 20N; ¿cuál es la mejor forma para que la clase trabajadora (y no sus direcciones burocráticas) salga fortalecida de la jornada frente a los ataques que viene recibiendo?

Reproducimos el post de nuestros compañeros de http://lossospechososdesiempre.wordpress.com/

 

De la vuelta de la democracia a la fecha hubo 33 paros generales que se repartieron entre diferentes gobiernos: trece le tocaron a Alfonsín, ocho a Menem, nueve para De la Rúa y tres durante el Gobierno de Duhalde. Pasaron diez años, y nos enfilamos al primer paro general en mucho tiempo, y el primero de la era kirchnerista. Si bien en la repartija burocrática Moyano se quedó con poca influencia dentro de lo que es el movimiento obrero industrial y los servicios (distinto era el agrupamiento del MTA, por ejemplo, que contenía a la UTA), a partir de la confluencia con la CTA-Micheli y la coordinación con distintas organizaciones sociales y políticas, con cortes y piquetes, parecería que el día de mañana estará trazado definitivamente por una sensación de “anormalidad”.

 

¿En qué contexto se dará el paro?
Tenemos, por un lado, un Gobierno de carácter cada vez más antiobrero, que mantiene la peor herencia menemista del trabajo precario (y ahora, ¡a tasas chinas!), aprueba leyes propatronales como la de ART (diseñada por los K a pedido de la IUA y votada con el PRO), y persecutorias como la Ley Antiterrorista, y que espía a los que se organizan como vimos con el Proyecto X. Por otro lado, hace unos días vimos las manifestaciones del 8N, con el papel principal de las clases medias y altas, fogoneadas por el –hoy día, único dirigente de la oposición- Grupo Clarín. Señoras y señores “bien”, principalmente, salieron a quejarse por el cepo al dólar, a pedir más policía, y decir que estamos como Venezuela o como Cuba (“¡Argenzuela!, ¡Cubatina!”), mientras le mojaban la oreja a la oposición patronal por poner sus incompetencias por delante de la “unidad antikirchnerista”.
Estas cuestiones vienen delineando definitivamente un clima “opositor”, con un gobierno que ya no “encanta” y que mientras es cuestionado por derecha, muestra su carácter de clase y aprovecha el tiempo para pegarle a la clase trabajadora, con leyes y discursos. ¿Cuál fue la respuesta de Cristina tras el 8N? Salió a decir “yo soy clase media”. ¿Y para los trabajadores? Nada. Bah, no se les va a cobrar el impuesto a la “ganancia” (insistimos; salario no es ganancia. Ganancia es Cristobal López, Roggio, etc) por una única vez. Y después… después vemos.

Agazapada por ahora, la clase obrera mastica la bronca de su vida precarizada, de la inflación que se come el sueldo, del lejano sueño de la casa propia (o al menos un techo que no se lleve la tormenta) o del fastidioso y peligroso viaje cotidiano en transporte público a la fábrica. Pero se despega de los 8N, sabedora de que las moscas podrán ser muchas pero eso no les da la razón para revolotear sobre la mierda. También desconfían de burócratas como Moyano y Micheli, que los convocan a parar por tevé y los quieren usar de masa de maniobra para sus internas en el PJ, como hizo el líder de la CGT disidente, o para llevarlos atrás de Binner (que gobierna Santa Fe para los empresarios junto a los radicales), como en el caso de la CTA antikirchnerista,  pero no para levantar un plan de lucha serio que conquiste las justas demandas. Frente a esa situación, la pregunta que nos tenemos que hacer los revolucionarios es: ¿Cuál es la mejor forma para que la clase trabajadora (y no sus direcciones burocráticas) salga fortalecida de la jornada de mañana frente a los ataques que viene recibiendo? Vayamos por partes y por descarte;
– Una posibilidad es no parar, a sabiendas de las intenciones de la burocracia. Sin embargo, no parar, en los hechos, es hacerle el juego a la patronal y al Gobierno, que frente a cada no respuesta de la clase obrera, suelen envalentonarse y venir por más.
– La otra posibilidad sería “parar a la Moyano”, es decir, rutinariamente, sin jugarse a hacer asambleas para que discutan y decidan los trabajadores, y reduciendo las demandas a las justas, sí, pero incompletas que plantea la burocracia, que solo levanta las de un pequeño sector de trabajadores en blanco, con sueldos que se ven afectados por el “impuesto a la ganancia”, pero no de los más postergados por el “modelo”. Así las cosas, parar “a la Moyano” sería hacerle el juego a la burocracia.
– La tercer posibilidad, y es a la que nos vamos a jugar los militantes del PTS en todos los lugares de trabajo, es –primero- que se abra el debate en todas las fábricas y establecimientos. Que los trabajadores contrasten a Moyano -que como buen burócrata llama al paro por tevé de forma inconsulta- con el sindicalismo antiburocrático y de izquierda que llama a asambleas y abre la discusión, para decidir si se para y por qué demandas. Y ahí daremos la pelea para convencer a los compañeros de la necesidad de hacer un parto activo, contundente y que levante las banderas de los sectores más explotados de la clase obrera. Luego, en cada pronunciamiento, en cada declaración, y en cada corte y acción que realicemos; tendrán que quedar bien en claro cuáles son nuestras banderas, nuestros reclamos: fin del impuesto a la ganancia, eliminación de topes y universalización en asignaciones familiares, 82% móvil, rechazo a la ley de ART, adicional de $4.000, como dice la convocatorio general, sí, pero faltan demandas porque sobran razones; fin del trabajo en negro y precario, basta de viajar como ganado cuando los empresarios reciben millones en subsidios; nacionalización bajo el control de los trabajadores y usuarios del transporte público. Basta de ley antiterrorista, Proyecto X y persecución a los que luchan y se organizan, plan de obras públicas para que no haya más familias sin techo, y todas esas cuestiones que si mañana no dice la izquierda, no las va a decir nadie. Ya lo marcaron muy bien los compañeros de la Bordó de Alimentación, como reflejaba hoy ClarínLa izquierda radicalizada quizá nunca pensó que el sindicalismo peronista tradicional le abriría las puertas de esa forma, pero la agrupación Bordó del Sindicato de la Alimentación, enrolada en el PTS, desnudó los límites que tuvo la convocatoria a la huelga: “(Moyano y Micheli) no hacen lo necesario para garantizar un gran paro. Lo llamaron por los medios, no impulsan asambleas ni tienen ninguna política para que los gremios que están fuera de esas centrales puedan parar”.


La universidad, los estudiantes y el paro
El trabajo precario es un flagelo que sufre toda la clase trabajadora, pero se vuelve particularmente grave en la juventud, como contamos en la declaración de la Juventud del PTS, ya que tres de cada cuatro jóvenes trabajan bajo alguna forma de precarización (en negro, tercerizado, como monostributistas, etc). En algún sentido, es la precarización como regla la que hace que se toque –en abstracto- la vida del inmigrante textil que trabaja doce horas por día en las peores condiciones, con la del estudiante universitario que trabaja en el call center para bancarse el estudio, o se le ofrece como salida laboral desde las mismas instituciones universitarias alguna que otra pasantía para multinacionales de primera línea, que pagan poco pero explotan mucho. Decimos “en abstracto” porque no podemos obviar las diferencias concretas entre el boliviano que deja la vida en la fábrica, que vive para laburar, con el común de quienes estudiamos, por ejemplo, en la UBA; donde los mecanismos ya existentes para ingresar a la educación hacen que sea más posible –no en la ley, pero si en los hechos- estudiar para los provenientes de las clases medias, que tienen una mano de la familia y ven los trabajos precarios y mal pagos como un presente que hay que soportar, un derecho de piso hasta tener un futuro mejor (que tantas veces nunca llega).
Pero desde la Juventud del PTS nos venimos proponiendo que eso que se toca “en abstracto”, se vuelva un punto de conexión en concreto. Por eso impulsamos un Gran Movimiento Juvenil Contra la Precarización Laboral, que nos unifique en la lucha por nuestras demandas. Así fue que hicimos el Festival contra la precarización laboral en Sociales, junto a los compañeros de la Comisión Fuera Tomada, donde recaudamos más de 2500 pesos para las obreras en lucha de la fábrica Soriano. O actividades como la del último sábado, donde los compañeros textiles de Cosiendo Conciencia realizaron una jornada cultural por los derechos de la juventud trabajadora. Mañana queremos que esa unidad se exprese en las calles, donde los jóvenes trabajadores y los estudiantes saldremos juntos a pelear por nuestras demandas.


La izquierda y el movimiento estudiantil
La pelea de cara al 20N tendrá su correlato en las universidades, donde la izquierda tiene un peso importante y, por eso, su responsabilidad será tender puentes con el movimiento obrero, apostando a la unidad en las calles. Por lo pronto, la FUBA (conducida por el PO y la Mella en un frente con Libres del Sur, el PCR e IS) ha sacado una declaración correcta y convoca a un corte de calle el martes, pero siguiendo su lógica burocrática de privilegiar las mesas chicas de acuerdo de aparatos, no ha llamado a absolutamente ninguna instancia de organización democrática, para que los estudiantes deliberen qué quieren hacer y cómo tomar el paro en sus propias manos. En Sociales, la nota la dio la Conducción del Centro de Estudiantes (El Empuje, La Mella) que se negó hasta último momento a convocar a Comisión Directiva del CECSo para llamar asamblea, y cuando la hubo (el último viernes), los vimos ¡abstenerse! de que el movimiento estudiantil de Sociales decida democráticamente qué posición va a tomar de cara al paro. De todas formas, su posición perdió y por eso hoy habrá asamblea (a las 19hs en MT), y ahí queremos llevar estos debates.

 

 

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