La estrategia soviética (un contrapunto con el PO)

Este post lo escribió el camarada Fede del Joaquín V. Gonzalez

Del artículo del Partido Obrero extraigo algunas conclusiones a título personal. Si reducimos sus acusaciones a los marcos del debate estratégico nuestro error radicaría en que subordinamos el partido a los soviets o a los organismos de auto-gobierno de la clase obrera. Seria bueno que nos “iluminen” de dónde sacan semejante idea, más aún cuando el artículo de Maiello al cual responden en su nota -pero que no hacen referencia- habla de la ‘precisa relación’ entre los soviets y el partido, no de subordinación de uno sobre otro, menos aún, de hacer abstracción del partido como ellos dicen. ¿No recae el Partido Obrero en una negación fetichista del soviet, mientras los marxistas revolucionarios reconocemos su importancia estratégica más allá de sus formas?

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La relación entre el Partido y las masas en el marxismo

Christian Rath, por el contrario, sí establece una jerarquía entre partido y soviets, e intenta justificarla teóricamente con un par de lecturas, a mi modo de ver, un poco recortadas, parciales. La discusión sobre la dinámica entre el partido y las masas no aparece por primera vez con los soviets, ni tampoco planteada en su trágica necesidad en 1871 con la Comuna, sino que es previa. La ruptura que se produce en Marx, cuando pasa de ser un demócrata radical (1841-42) que, a través de las páginas de la Gaceta Renana, le recuerda al Estado su carácter racional y democrático,  a ser un comunista revolucionario enteramente dedicado a la lucha por la emancipación del proletariado (1845 en adelante), trae consigo una nueva concepción política y práctica de la relación entre el partido y el movimiento de masas, que difiere de la del resto de los grupos (utópicos) que conformaban el movimiento socialista. La mayoría de estos grupos (blanquistas, cabetistas, baouvistas, etc.) seguía razonando, para 1848, con la vieja lógica de los jacobinos franceses, queriéndose constituir como la vanguardia iluminada, algunos propagandística y pacífica y otros conspirativa y armada, del proletariado por fuera del movimiento que debía conducir hacia su auto-organización como clase. Marx romperá con estos esquemas al plantear que el proletariado no adquiere su consciencia gracias a la actividad política de un grupo de iluminados, sino a partir de su propia experiencia. El papel del partido o de los comunistas, es el de ser la vanguardia de ese proletariado, su fracción más resuelta y consciente, que acompaña y acelera esa experiencia. De allí la su máxima “la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos”. Luego de la derrota de la Revolución de 1848, Marx da en el Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas unas primeras indicaciones prácticas sobre la necesidad de constituir organismos de auto-gobierno que expresen el carácter de clase, ya que la emancipación del proletariado, y con él de toda la humanidad, sólo podría lograrse mediante una ‘revolución permanente’ llevada adelante contra la burguesía y contra su Estado; en estas condiciones: “los obreros deberán constituir inmediatamente gobiernos obreros revolucionarios, ya sea en forma de comités o consejos municipales, ya en forma de clubs obreros o de comités obreros, de tal manera que los gobiernos democrático-burgueses no sólo pierdan inmediatamente el apoyo de los obreros, sino que se vean desde el primer momento vigilados y amenazados por autoridades tras las cuales se halla la masa entera de los obreros. En una palabra, desde el primer momento de la victoria es preciso encauzar la desconfianza no ya contra el partido reaccionario derrotado, sino contra los antiguos aliados, contra el partido que quiera explotar la victoria común en su exclusivo beneficio.

Bien, es evidente, incluso en Marx, la ‘relación precisa’ que existe entre los comunistas fundidos en el movimiento obrero, siendo parte de él, de sus luchas y de su proceso de organización, con la necesidad de establecer  organismos de auto-poder (todavía la experiencia del proletariado no había parido a los soviets) que transformen a la clase obrera en clase dominante, es decir, que sean la realización práctica de la dictadura del proletariado. A mi entender, la jerarquía que establece el Partido Obrero en relación al partido respecto a los soviets, proviene de una lectura carente de toda crítica histórica del ¿Qué hacer? de Lenin, donde éste establece que la conciencia del proletariado ruso debe ser inculcada ‘desde afuera’. Para 1903, fecha en la que se publica en libro, la fracción que dirigía Lenin se encontraba dando una lucha contra las tendencias ‘economicistas’ de la socialdemocracia rusa, a las cuales les reprochaba que la conciencia política no podía surgir dentro de ‘los estrechos marcos’ de las luchas sindicales, de allí la indicación a que sea introducida desde afuera. Más allá de que Lenin proclamó lo incorrecto de transformar en programa las formulas del ¿Qué hacer?, la experiencia de 1905 lo llevó a escribir luego, en su folleto Jornada Revolucionaria (que en internet no se encuentra, pero está en el tomo IX de las obras completas): “Estas masas [haciendo referencia al proletariado ruso] se educan a través de la práctica, ante los ojos de todos, a fuerza de ensayos, de tanteos, a jalones, poniéndose a prueba y poniendo a prueba a sus ideólogos… nada se podrá comparar jamás, por lo que respecta a la importancia, a esta educación directa de las masas y de las clases en el transito mismo de la lucha revolucionaria”. Esta idea de la relación entre partido y movimiento de masas es la que nosotros tomamos; mucho más cercana a la de Marx que la que tiene el Partido Obrero.

Soviets, insurrección y transición 

Los compañeros dicen en su artículo: “los soviets no reemplazan la función histórica del partido”. Les respondemos: “Están en lo cierto compañeros, nunca hemos planteado lo contrario”. Pero contaminados por una lógica que tiende a separar la acción del partido del movimiento real de las masas, expresado en su nivel de organización y éste expresado en sus organismos, dicen: “Lenin no pidió permiso a los soviets para tomar el poder en 1917; la insurrección la organizó el partido, el cual puso el poder en manos de los soviets”. Esta cita da por sentado un problema, que anulado –ejercicio sólo posible en el plano de la más pura abstracción– puede permitirle al partido, ascender a la escala número uno en la jerarquía de las necesidades para la revolución: para los marxistas revolucionarios, tomar el poder por medio de la insurrección presupone la existencia de algún tipo de organismo de auto-gobierno de la clase obrera. De manera contraria, la ‘toma del poder’ significaría sencillamente desplazar del Estado burgués a los burócratas que lo gestionan para que sean reemplazados por revolucionarios profesionales, sin tener en cuenta que la misma estructura del Estado burgués es expresión de las relaciones de producción burguesas que reproducen y naturalizan la opresión. De allí que Marx distinga la esfera del ‘Estado político’, donde todos los ciudadanos son iguales ante la ley (donde se anula la propiedad privada ‘de derecho’ ya que todos votan más allá de sus posesiones), de la ‘sociedad civil’ donde las desigualdades materiales existen y vuelven nuestra existencia cotidiana cada vez más miserable. Por ello la ‘arquitectura institucional’, como dijo Altamira, que representan los organismos de auto-gobierno de la clase obrera, cumple un papel central no sólo frente al problema de la toma del poder, sino frente a la transición hacia la sociedad sin clases. Sobre el punto específico de la toma del poder y la insurrección, es ilustrativo leer lo que dice Lenin en El marxismo y la insurrección: “Para poder triunfar, la insurrección debe apoyarse no en una conjuración, no en un partido, sino en la clase más avanzada. Esto en primer lugar. La insurrección debe apoyarse en el auge revolucionario del pueblo”. Justamente, si el partido ‘no consultó a los soviets’ es porque la insurrección se apoyó en el auge revolucionario de las masas. La mera existencia objetiva de partido y de soviets no le posibilitan al partido lanzarse a la insurrección ‘sin consultar’ a la clase. De allí la posición de ‘cautela’ de los bolcheviques frente a las jornadas de julio. Creo que en ese sentido opera la ‘precisa relación’ entre partido y soviets a la que hizo referencia Maiello en su nota.

Lecciones históricas

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Para cerrar con esto que se volvió un poco largo, me gustaría comentar brevemente dos de los ejemplos históricos que toma el Partido Obrero; Alemania del 23 y China del 25 al 27. Creo que la forma en la que toman ambos ejemplos, dentro del sentido general hacia donde se orientan su nota, es una manera intencionada de restarle importancia al papel de los organismos de auto-poder, sobredimensionando el rol del partido. Sobre Alemania dicen que Trotsky: “Cuatro años antes, había denunciado la política de la Internacional exigiendo la construcción de soviets en Alemania (1923), cuando los comités de fábrica -por su propio desarrollo- habían ocupado el papel de los soviets”. En una lectura integral de la nota, esta cita no puede más que aportar a desacreditar el papel de los soviets, lo cual equivale a desacreditar la importancia de los organismos de auto-gobierno del proletariado, lo cual equivale a desacreditar la estrategia trotskista. La denuncia de Trotsky estaba orientada, sencillamente, a ‘no avivar giles’, ya que hablar de soviets en Alemania hubiera significado ataques más virulentos de la reacción burguesa alemana contra su ‘bolchevizado’ proletariado. La cita sobre China, por último, es el remate. Reproducen un fragmento de Trotsky donde dicen: “si se ha llegado a la conquista del poder y las masas están dispuestas para la insurrección sin la existencia de soviets”, es que ha habido entonces otras formas y métodos de organización,  que han permitido efectuar el trabajo de preparación que ha de asegurar el éxito de la insurrección, entonces la cuestión de los soviets no tiene más que una importancia secundaria reducida a un problema de técnica de organización o, menos aún, a una cuestión de denominación”. Fuera de su contexto la cita puede tender a generar confusión. La misma es parte de las discusiones entre Trotsky y la Internacional dirigida por la dupla Stalin-Bujarin, alrededor del hecho específico que fue la insurrección en Cantón. La Internacional, que pensaba al horizonte revolucionario Chino dentro de los marcos de una revolución democrática, consideraba que la consigna de soviets era una consigna ‘trotskista’ por el hecho de su constitución significaba la organización práctica de un gobierno autónomo de la clase obrera. Para el Comité Ejecutivo de la Internacional, el soviet era necesario para la insurrección, pero de ninguna manera antes de ella. Frente a esta posición, Trotsky replicaba: “No es en absoluto una cosa sencilla conseguir la elección de un soviet: hace falta que las masas sepan por experiencia lo que es un soviet, que comprendan esta institución, que su pasado las haya acostumbrado a una organización soviética elegida. Esto ni siquiera se planteó en China, porque la consigna de los soviets fue calificada de trotskysta precisamente en el curso del período en el que hubiera debido convertirse en el eje de todo el movimiento.” La cita del Partido Obrero, lejos de aclarar esta discusión, la oculta, ya que si se lee la parte previa puede extraerse una conclusión completamente distinta: “imaginar que los obreros chinos serán capaces de levantar soviets con la ayuda  de una pequeña y breve receta con la que se sustituye la generalización leninista, es reemplazar  la dialéctica de la acción revolucionaria por una ordenanza impotente y fastidiosa propia de un  pedante. No es en la víspera de la insurrección, cuando se lanza la consigna de la conquista  inmediata del poder, cuando hay que establecer los soviets; en efecto, si se llega al estadio de la  conquista del poder, si las masas están preparadas para la insurrección, sin que existan soviets,  esto significa que otras formas y otros métodos de organización han permitido efectuar la tarea de preparación que asegurará el éxito de la insurrección” (resaltados míos). De ninguna manera puede interpretarse de estas palabras que para Trotsky los organismos de auto-poder pueden jugar un papel secundario. Lo que da a entender es que los mismos no pueden constituirse en la víspera de la insurrección, sino que deben existir previamente. Si no existen, es que su función fue reemplazada por organismos de auto-gobierno de otro tipo, no específicamente soviéticos –por ejemplo.

De la misma manera que el partido y su dirección tampoco se puedan constituir en los días previos a la revolución, hace falta que intervenga en cada escuela de guerra, templando a sus cuadros y militantes; que utilice sus posiciones conquistadas para ganarse a las masas y a la vez que eduque a una vanguardia en las ideas del marxismo revolucionario, ese puesto debe ganarse en la acción. Participar activamente de la experiencia de ruptura que comenzó con el gobierno kirchnerista es una de las tareas centrales de nuestro partido hoy y de las decenas de agrupaciones obreras, estudiantiles y de los jóvenes trabajadores que impulsamos en todo el país. Gracias al aprendizaje histórico de nuestra clase podemos no repetir viejos errores en este camino de construcción de un partido revolucionario. Pero para esto hay que ser precisos en las lecciones históricas para ajustar nuestra política a ella y no ajustar las lecciones a nuestra política.

 

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